Miercoles, 23 de Agosto del 2017
LOS TACONES DE OLIVIA

¡EL ESQUÍ Y SU PUTA MADRE!

admin 7 febrero, 2016 JUAN DEL VAL, OPINIÓN 24 comentarios

  

Vaya por delante que el esquí está bien como está. Lo digo porque son miles y miles de personas muy respetables las que practican este deporte y están encantadas de hacerlo. Así pues, el que tiene un problema con el esquí soy yo, no el esquí en sí mismo, que es una afición como cualquier otra para el que quiera disfrutrarla.El esquí y yo, la verdad, es que no nos necesitamos. Mantenemos la misma relación que se mantiene con ese cuñado al que ves cada año cuando no te queda más remedio, pero por mucho que os empeñéis no os caéis bien, no os gustáis.

La verdad es que conocí tarde este deporte. En mi barrio, pegadito a la M-30 madrileña, no se estilaba la práctica de esta disciplina tan glamourosa. Salvo por las competiciones que veíamos en la tele a finales de los 70, principios de los 80, no sabíamos ni que existía la posibilidad de que la gente no nacida en Suiza o Noruega pudiera esquiar. Nosotros jugábamos al fútbol y a las chapas. Cuando había niñas, como deferencia, al rescate, y si nos poníamos muy sofisticados, como mucho, al baloncesto, que ya era un deporte un poco `amariconao`, con perdón. Espero que me entiendan y no se enfaden aquellos que no se hayan criado en cualquier barrio madrileño durante los años 70-80 porque los que lo hayan hecho seguro que saben perfectamente de lo que hablo.

Un día, pasados los 30, mi mujer decidió que el esquí me iba a encantar. Ella lo practicó desde pequeña y me aseguraba que era un deporte al que me iba a enganchar. Supongo que muchos de los que estáis leyendo este post habréis esquiado alguna vez, después de que este deporte se haya socializado desde hace algunas décadas.

Del esquí me sorprenden muchas cosas (que exista, es la principal), pero también la naturalidad con la que la gente se toma lo antinatural que es este deporte. Un tipo se pone unas botas de plástico duro que te obligan a andar como Frankestein, se sube encima de dos tablas alargadas, se abriga hasta las orejas, se sube en un telesilla que le lleva hasta el quinto pino y se tira desde allí resbalando para volver a subirse otra vez.

Sí, ya sé que estoy simplificando, pero os ruego que me permitáis la licencia después de haber estado cuatro días sufriendo dentro de esas botas esperpénticas. Sufrir, ese es el concepto. Porque cuando yo veo a alguien que sabe esquiar (mi distinguida esposa, por ejemplo) entiendo el disfrute, pero la mitad de la gente que se empeña en tirarse por la pendiente lo único que hace es pasar miedo. Luego dicen cuando terminan las vacaciones que se lo han pasado muy bien, pero yo no me lo creo. Para pasarlo bien esquiando tienes que haberlo hecho desde muy joven, de lo contrario el esquí es una tortura.

De todas formas hay algo aún peor que esquiar: esquiar con niños. Ese momento en el que después de ponerte tus botas, estás con la camiseta térmica, los calzoncillos largos, el forro polar, el abrigo, la braga en el cuello, los guantes, el gorro…Te suda hasta el alma y tienes que ponerle las botas al niño, que le aprietan, y él tampoco para de sudar. Y luego hasta llegar a las pistas tienes que llevar tus esquís y tus palos y los de los niños, que al igual que tú, no pueden andar con esos botones tan rígidos. Entonces se quejan y tú les explicas que lo estamos pasando fenomenal y que este deporte es divertidísimo, aunque tú por dentro te acuerdas del esquí y de su puta madre, con perdón.

En las pistas has contratado un monitor para los niños, que suele ser argentino, y que cuesta una pasta. Ríete tú de lo que vale un master en neurocirugía comparado con lo que cuesta que los niños aprendan a esquiar.

Lo bueno es que a mí aprender a esquiar no me cuesta nada porque me enseña ella, que sabe esquiar de maravilla. El primer día que me puse los esquís, Nuria, en un alarde de confianza excesivo, supuso que como a mí en general los deportes se me dan bien, éste no iba a ser una excepción. Así que me subió en un telesilla y me llevó a una pista roja, de las empinadas. No he pasado más miedo en mi vida. Porque, aunque a los esquiadores expertos os pueda parecer una obviedad, la nieve con unos esquís puestos resbala muchísimo. “Tú sígueme, que verás que bien”, me dijo. “Haz la cuña, que es muy fácil”. Las veces que yo me caí rodando aquella primera vez y el miedo que pasé me hicieron desde entonces identificar este deporte de la manera en la que he titulado este post.

Desde entonces he vuelto varias veces a esquiar y mi mejora ha sido, digámoslo benévolamente, bastante discreta. Le tengo manía a este deporte, lo reconozco. No soporto la indumentaria, ni las botas, ni los esquís, ni los palos, ni el calor que paso cuando me visto, ni el frío que paso cuando estoy subido en el telesilla, ni el miedo que me da, ni caerme, ni levantarme, ni los monitores, ni los niños, ni los esquiadores expertos, ni los principiantes, ni a mi mujer cuando me dice “tú sígueme, que es muy fácil”. En definitiva, que no soporto el esquí, ni a su puta madre.

JUAN DEL VAL

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24 Comentarios

  1. Lorelay 10 marzo, 2016 at 12:36 pm

    Totalmente de acuerdo Juan!!!! Un rollo inmenso e innecesario, pero habrá quien opine lo mismo de aquel deporte que te pirra y practicas sin parar.
    Ese es mi caso, un deporte que a muchos da vergüenza referirse como tal, pero que yo lo hago orgullosa, la caza. Pues si, la gente no entiende que me encante madrugar, caminar horas y horas… Pasar calor… Altas temperaturas… O frío… Lluvia… Qué me cargue una mochila con 6 litros de agua para mis perros y para mi, mas una escopeta de 3,5kg… Mas todo el resto de enseres… Y me pase el día subiendo y bajando barrancos, cortándome con la maleza… Saltando para en muchas ocasiones … No ver ni una perdiz de lejos… Pero creo que esos son los deportes, las pasiones y los hobbies que cada uno de nosotros tenemos

  2. Pepe 26 febrero, 2016 at 9:24 am

    Muchisimos errores en el artículo:
    - Vivir en un barrio al lado de la M30 no quita ni pone para empezar a esquiar de pequeño. Yo vivia en un barrio como el tuyo y fuí a esquiar a los 12 años y mis vecinos no. Todo depende del entorno de amistades, colegios o grupos juveniles con los que convivas, no del barrio.
    (Mis padres nunca esquiaron).
    - El baloncesto no es un deporte “amariconao”, lo llamaban asi los niños bajitos que se dedicaban al futbol.
    - Creer que solo esquiaban en los años 80, los suizos o noruegos es pecar de ignorancia, aunque fueran un niño, porque Paquito Fdez. Ochoa ya había ganado una medalla olímpica y Navacerrada te queda a tiro de piedra, donde en los 80 aprendieron a esquiar miles de madrileños.
    - La edad es un factor para aprender a esquiar, pero no determinante. Tengo un amigo que empezó con mas de 40 años y esquia bien y le encanta.
    - Las botas no son para andar, son para esquiar, si se pudiera andar bien con ellas, no serverian para esquiar, porque te partirias los tobillos en la primera caida.
    - Un curso de esqui de 1 hora al día, 5 días cuesta ciento y pico euros, menos que el forfait. Si divides, llegarás a la conclusión que la hora de monitor se paga muy barata.
    - Antes de poner las botas a los niños, no hace falta ponerse la braga en el cuello y el anorak hasta arriba… eso se pone luego.
    - Decir que “un buen esquiador es un buen profesor” es el error más grande de todos. LLevo 35 años esquiando con varios amigos y entre ellos esquiadores muy expertos, que no sabrían enseñar a esquiar a nadie.
    - La única solución para aprender a esquiar a cualquier edad y más a partir de los 30 es coger un monitor, si puedes pagarte uno para ti solo y 3 horas al día, mejor que mejor.
    - Subirte a una pista roja el primer día es una inconsciencia, que demuestra que esquiar bien no significa saber enseñar.
    - El miedo a la pendiente o a la altura es incompatible con el esqui… es mejor no volver porque puedes hacerte pupita.

    • ELENA 22 marzo, 2016 at 7:45 pm

      madre miaaaa!! antes de ponerte tan tikismikis deberias releer el primer parrafo otra vez, porque creo que justo eso, se te ha pasado analizarlo.

      “Vaya por delante que el esquí está bien como está. Lo digo porque son miles y miles de personas muy respetables las que practican este deporte y están encantadas de hacerlo. Así pues, el que tiene un problema con el esquí soy yo, no el esquí en sí mismo, que es una afición como cualquier otra para el que quiera disfrutrarla”

      vaya chapa le has soltado…

  3. José Luis 19 febrero, 2016 at 1:05 pm

    Bueno, el comentario me parece respetuoso, pero siento no estar para nada de acuerdo. Aprendí a esquiar a los 39 años y el primer día casi me despido. El segundo, tercero cuarto y asi el primer año era una auténtica tortura. El año siguiente, el primer día que fui casi no pude dormir la noche antes por la impaciencia y durante lis siguientes años ha sido asi cada año. Como la noche de reyes de pequeño. Y de verdad, Juan, cuando consigues bajar cualquier pista como bajarías con una bici una cuesta, es decir disfrutando, eso no te lo da ningún deporte. Y se consigue. Yo al tercer año ya empezaba a hacerlo y ahora es lo más para mi. Lo de la calor las botas, todo eso con el tiempo es mismo que salir un día de frio a correr, los primeros 10 min. Luego como pez en el agua. Soy normal del montón. Un abrazo

  4. Ana Belén García 18 febrero, 2016 at 7:58 pm

    Desde que leí este post la otra vez, dejé de subir a las pistas. Ahora acompaño a mi marido que es Malagueño y además fue monitor de esquí, él se va a esquiar y yo, lejos de sufrir, que no puedo estar más de acuerdo, me quedo tomando una cerveza, paseando, de tiendas o leyendo y genial.

    Es más, cuando esquías con miedo, considero que es hasta peligroso, porque precisamente por ir tensa yo la última vez hace ya tres años, me caí y me hice bastante daño en el cuello y dije que nunca más.

    Me ha encantado volver a leerlo.

    Besos!

  5. Ana 15 febrero, 2016 at 4:44 pm

    Jajaja, dímelo a mí que soy de Huesca, donde contamos con 3 estaciones de esquí y no le cojo el gusto a esto de esquiar.
    Antes me planteaba intentarlo y perfeccionar, ahora directamente no esquío.
    Creo que el “error”, si así puedo llamarlo, ha sido el mismo que el tuyo: subir a esquiar pistas que no son de mi nivel con gente que tiene más técnica. Conclusión: sufrir, pasarlo más y no ir más. Y debo añadir la suerte que he tenido de no hacerme demasiado daño a pesar de esas caídas con las rodillas pegadas y cada pierna para un lado…
    Si algún día me subo otra vez en unos esquís será empezando desde abajo, porque siempre me ha “picado la curiosidad” sentir lo que sienten las personas que disfrutan tantísimo de este deporte (a pesar de que es extra caro), pero por ahora me quedo como estoy, viendo la nieve, disfrutando del paisaje y tomándome un cañita mientras me da el sol en la cara. :)

    Saludos Juan!! Que sepas que tanto Nuria como tú me encantáis!!

  6. Maite 14 febrero, 2016 at 3:50 pm

    Que bueno eres escribiendo…
    Juan un libro tuyo y de Nuria ya!! Por favorr ;) )

  7. Ángela 10 febrero, 2016 at 9:16 pm

    Me encantó el post, me he partido de risa jajaja
    Nuria, deja que Juan escriba más veces por aquí, me parece un encanto y una persona divertidísima que habla claro!!! Que viva la gente sincera y que habla sin pelos en la lengua!!!

  8. Amaya 10 febrero, 2016 at 6:07 pm

    Estoy de acuerdo… A qué pillarlo de niño sino tiene q ser una pesadilla… Yo lo aprendí de pequeña y disfruto pero no esquiaría sí no supiera…

  9. guillermo grandal alonso 9 febrero, 2016 at 11:38 pm

    en España juan ser psiquiatra es como ser limpiabotas en Inglaterra te lo digo yo por experiencia , a mi madre la mato una neuróloga estúpida de haberla tratado mejor ahora estaría viva mi madre
    un saludo

  10. guillermo grandal alonso 9 febrero, 2016 at 11:15 pm

    juan he leído la entrevista a nuria en la revista
    objetivo bienestar , haceis bien en no salir en los programas del corazón , la television actual es una porquería
    un saludo

  11. guillermo grandal alonso 9 febrero, 2016 at 10:30 pm

    a mi no me gusta esquiar juan
    un saludo

  12. Mayte 9 febrero, 2016 at 4:26 pm

    Ídem! Me identifico totalmente contigo…No soy el único bicho raro al que no le gusta esquiar,que alivio….

  13. Rosa 8 febrero, 2016 at 10:13 pm

    No puedo estar más de acuerdo contigo. Mi marido cogió un monitor a cambio de un riñón, y yo estuve las tres horas pensando que iba a acabar poli traumatizada bajando por una de esas camillas rojas hinchables. Pasé auténtico pánico , creo que no he sudado más en mi vida. Este año, él se va con un amigo y yo me voy ese finde a la playa… Dónde va a parar…

  14. Laura 8 febrero, 2016 at 3:47 pm

    No puedo estar más de acuerdo.
    Mi experiencia fue muy similar.
    Tuve una pareja, trabajador en Baqueira, esquiaba estupendamente, ahora es monitor y
    como desde niña he patinado y hacía mucho deporte, supuso que lo haría de la leche.
    Me engañó y subí a un telesilla que nos llevó al punto más alto, donde comenzaba una interminable pista azul.
    Temerosa de que mis pies no estuvieran suficientemente sujetos, aprete las botas a no más poder, y cuando me bajé del telesilla no los sentía, se habían dormido. Qué dolor. Descendí llorando como una niña pequeña, con hipo y todo, y lo que se tarda 5 minutos en descender, tardé 1 hora, y al llegar al llano, besé el suelo y me prometí no hacerlo más.

  15. Antonio 8 febrero, 2016 at 11:52 am

    100% Juan, lo has clavao.
    Me regocija comprobar que existen seres humanos que piensan como yo al respecto.
    Un abrazo!

  16. Elisabeth Rabella 8 febrero, 2016 at 11:26 am

    Me encanta Juan Del Val, has descrito a la perfección por todo lo que pasamos los que tenemos al lado una pareja que este deporte lo ha “mamao”, los que no hemos tenido esa suerte o esa desgracia, se mire como se mire, nos cagamos en el esquI y en su puta madre!!!
    Nunca he podido entender, que en un día estupendo de sky, lo mejor sea el momento en el que te quitas las botas!!!!

  17. Milá 8 febrero, 2016 at 8:03 am

    Cómo me alegra leer lo que llevo, con vergüenza, pensando unos cuantos años. Yo, este año, abandoné la empresa.

  18. Beatriz 7 febrero, 2016 at 11:31 pm

    No soy yo de comentar en los blogs pero me he sentido tan identificada contigo que tenía que decírtelo. Se te ha olvidado comentar lo natural que es ir al baño con las botas, el mono y los millones de capas que llevas…
    Un abrazo.

  19. Rocío 7 febrero, 2016 at 8:07 pm

    Sí señor, totalmente de acuerdo contigo. Que no me gusta esquiar, puñetas, dejad de mirarme como si fuera un bicho raro!!!

  20. Auxi 7 febrero, 2016 at 8:00 pm

    Que tu pareja sepa esquiar desde los 4 años y tú nunca te hayas subido a unos esquís es un buen motivo para aprender, cuanto más si eres de Granada y tienes la estación de esquí a 50min… Disfrutar esa experiencia es otra cosa!
    Enhorabuena Juan por este gran post, me siento totalmente identificada!

  21. Beatriz 7 febrero, 2016 at 8:00 pm

    Completamente de acuerdo !!!! Un saludo, es lo peor, yo tampoco puedo con él. Saludos

  22. Ines perez 7 febrero, 2016 at 7:24 pm

    Jaja a ja ja ja ja ja estoy completamente de acuerdo.

  23. Alberto Tomba 7 febrero, 2016 at 7:06 pm

    Es cierto que el esquí engancha. Es cierto que conviene practicarlo desde pequeño. Pero también es cierto que hay gente torpe para eso de “esbarizar” (palabro turolense que significa deslizarse).
    Y luego está la gente miedica y cagueta que no conciben lo bello de controlar el deslizamiento.
    Lamentablemente, eres uno de ellos y lo tienes que asumir.
    ¡Te echo una carrera!

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