Lunes, 21 de Agosto del 2017
LOS TACONES DE OLIVIA

"VACACIONES FAMILIARES"

admin 22 agosto, 2013 NURIA ROCA, OPINIÓN No hay comentarios
VACACIONESFAMILIARES_SLIDERS

Ya están de camino, así que dentro de un par de horas estarán entrando por la puerta. Fin a mis vacaciones familiares, fin a los tres días que me he tomado para mí sólita, fin al silencio tan maravilloso que da la soledad.
Éste que está a punto de acabar ha sido un verano bonito. Lo he pasado bien con los niños en la playa en unas vacaciones que han sido posiblemente las más “familiares” que recuerdo en años. Mis hijos están para comérselos -como los de todas- pero cualquiera que los tenga sabrá que después de dos meses sin colegio tres niños pequeños acaban sacándote de quicio varias veces al día. Antes de perder definitivamente la cordura, Juan y yo nos hemos repartido esta semana para pasar solos tres días cada uno. La primera parte de la semana me ha tocado a mí y a partir de mañana le toca a él. Lo hacemos todos los años y la verdad es que es altamente recomendable. Eso de quedarse tres días sola, sin escuchar la palabra “mamá” y con tiempo para hacer lo que te da la gana es una experiencia maravillosa. Así que el lunes por la mañana él se fue con los tres al pueblo de su madre y yo me quedé en casa con un montón de planes por delante. Leer, salir con mis amigas, dormir hasta que me de la gana, ordenar un poco mi vestidor, aprovechar para hacer algo de régimen… Sí, porque esa es otra, llevo comiendo todo el verano como si no hubiera un mañana y con eso de que el caftán lo disimula todo, no ves el momento de parar de comer pescaíto frito.
La verdad es que para estar sola también hay que estar entrenada. Requiere cierto “oficio” el saber emplear el tiempo cuando no hay que ocuparse de los demás. Hace falta entrenamiento para no cometer algunos errores por esas ansias de comerte el mundo en tres días.
Me explico con ejemplos. El martes por la tarde decidí ordenar un poco los armarios de la habitación. Esta era la idea original, “ordenar un poco”, pero empecé cambiando los calcetines de sitio y acabé a las tres de la mañana con el taladro en la mano. Literal. No exagero ni un poquito. Empecé por mi vestidor, seguí por el resto de la habitación, continué por las de los niños y acabé arreglando el sótano. Era necesario, sí, pero no estaba previsto emplear quince horas en este ataque repentino de orden.
No pasa nada, pensé a eso de las cuatro de la mañana cuando por fin me metí en la cama. Podría dormir todo lo que me diera la gana porque no habría ningún niño que me despertara, ni ningún marido que me molestara. Además iba a necesitar dormir mucho porque el miércoles por la noche había quedado con mis amigas para “quemar Madrid”. No me preguntes por qué, quizá la falta de costumbre al silencio, pero a las ocho de la mañana ya estaba desvelada, dando vueltas en la cama. Decidí desayunar algo ligerito, un poco de queso fresco y un té. Lo que pasa es que una cosa llevó a la otra y el queso fresco lo acompañé con un poquito de pan, al que decidí acompañar con un poco de jamón, al que acompañé con dos huevos fritos. Y una vez puesta, al té también le acompañé con un par de galletas, que empezaron siendo dos y acabaron siendo ocho… Y es que me he pasado tres días comiendo sin parar. Eso de no tener nada que hacer da un hambre atroz, así que lo del régimen lo voy a dejar una semana más para el próximo lunes.
Otra consecuencia de no saber medirte por las ganas de aprovechar la soledad es la que sufrí anoche cuando me dispuse a “quemar Madrid” con mis amigas. Quedamos prontito por el centro para picar algo, cenar y luego salir a tomar unas copas. Está muy bien eso de salir sabiendo que nadie te espera y que a la mañana siguiente no hay ninguna obligación. Nos dedicamos a hablar como cotorras durante horas, a ponernos al día, a cotillear, a fantasear, a contarnos secretos, a criticar. Tanto tiempo empleamos que no nos dio tiempo ni para tomarnos una copa, así que a las dos de la mañana ya estaba de vuelta en casa. Me lo pasé fenomenal, tenía ganas de verlas, me reí mucho pero lo de “quemar Madrid” lo dejaremos para otro día.
Dentro de nada llamarán a la puerta y volverán las carreras, las risas, los juegos, los llantos, los besos y el ruido. Me pilla cansada, pero les echo de menos. Está bien que eso pase…
La conclusión es que de todo cuando tenía previsto hacer en mis “vacaciones familiares”no he hecho ni la mitad y además habré engordado algún que otro quilo. Eso sí, ha merecido la pena y es algo que hay que hacer un par de veces al año por lo menos…
Os dejo ya que están llamando al timbre, ya les oigo gritar “mamaaaaaá”

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